El Museo del Apartheid es el relato más claro del apartheid en cualquier lugar, y el sitio idóneo por el que empezar un viaje a Johannesburgo. Cuenta cómo se construyó, se impuso y finalmente se desmanteló un sistema de segregación racial, a través de cine, fotografías, documentos y el testimonio de las personas que lo vivieron.
El mensaje queda claro en cuanto llegas. Tu entrada te asigna al azar a un acceso ‘blanco’ o ‘no blanco’, y entras por puertas separadas, un pequeño anticipo de la clasificación que regía cada vida bajo el apartheid. A partir de ahí, un recorrido de un solo sentido lleva por las leyes raciales, el sistema de pases, los desalojos forzosos y la resistencia, hacia los estados de emergencia y el largo camino hasta el voto. La exposición de Nelson Mandela y la exposición de Desmond Tutu ‘Truth to Power’ lo llevan hasta la democracia y la Comisión para la Verdad y la Reconciliación.
Te pide mucho. Cuenta con dos o tres horas, usa la audioguía incluida, y ve a tu ritmo, porque el material es duro y está pensado para serlo. El museo desaconseja la visita a menores de 11 años. Se encuentra en Ormonde, junto a Gold Reef City, un Uber fácil desde los barrios del norte, y se combina de forma natural con Constitution Hill y una mañana guiada en Soweto, que juntos completan la historia.